Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

05

Enero 07

El papel de los ayuntamientos

Por Peiró Esteban , Ayuntamiento de Zaragoza

Los municipios adquieren un protagonismo significativo, una responsabilidad ineludible de cara a definir un modelo de convivencia, un ejercicio vital de transmisión creadora y participativa de la identidad cultural de una comunidad, con una perspectiva de mejora y transformación hacia la perfección, entendida la perfectibilidad como un continuum inalcanzable e inherente al ser humano (educabilidad), por el hecho de serlo, y que da sentido a la educación (educatividad).

La educación en los sistemas democráticos y las sociedades desarrolladas representa una responsabilidad ineludible de toda la sociedad, donde las Administraciones públicas deben jugar un papel de primer orden.

Los beneficios de un sistema educativo eficiente revierten a corto plazo sobre la calidad de vida de los ciudadanos, y a medio y largo plazo sobre el avance y la mejora de los individuos y de la sociedad en general.

El hecho educativo se puede y debe presentar a través de una gran multiplicidad de fenómenos y factores, pero gracias al sistema educativo se manifiesta de una forma más contundente y organizada, sirviendo como el indicador más importante a tener en cuenta a la hora de analizar la contribución de una sociedad a la educación. Contribución que, en la mayoría de los casos, en nuestro país se presenta de una forma centralizada, por medio del correspondiente ministerio de la Administración central o autonómica.

La Administración local no posee, en un análisis estricto de la legislación, competencias directas en educación, pero desde la llegada de la democracia los ayuntamientos han constituido el medio, muchas veces el único o el más eficaz, para responder a las demandas y las necesidades más acuciantes de la población.

Velar por la calidad de vida, responder a necesidades diversas que se manifiestan fundamentalmente en el marco de la ciudad, desarrollar actuaciones innovadoras que conllevan una cultura transformadora y no meramente reproductora, sí que debe ser un objetivo de la Administración local, la más cercana a los ciudadanos y a sus problemas.

La educación del siglo XXI debe ser una herramienta de transformación y mejora individual y social, donde no sólo los niños y niñas, sino todos los ciudadanos, afronten este reto de transformación con una visión utópica e ilusionante, donde la participación debe ser el eje del sistema educativo.

Para ello es necesario superar los estereotipos que configuran y definen modelos educativos y, por tanto, el planteamiento de la sociedad del hecho educativo. Una sociedad moderna e ilusionada debe concebir una educación caracterizada por:

  • La utopía frente al pesimismo pedagógico, por el cual la educación no posee un valor relevante en la transformación social 1 .
  • La educación permanente como argumento vital de mejora continua a lo largo de toda la vida, frente al reduccionismo de que la educación es sólo preparación para la vida adulta.
  • La educación permanente como argumento superador de que el espacio educativo, por definición, es el espacio escolar.2
  • La visión global y unitaria del proceso educativo frente a una visión fragmentada.3
  • La innovación frente a la rutina. 4
  • La educación como instrumento de igualdad y cohesión social. 5  
  • La transformación frente a la reproducción y adaptación. 6 

La educación es un fenómeno de tal transcendencia individual y social, que no parece prudente dejarla exclusivamente en manos de la escuela, del sistema educativo, de la Administración.

«Así como el tiempo consagrado a la educación se prolonga durante toda la vida, los espacios educativos y las ocasiones de aprendizaje tienden a multiplicarse. Nuestro entorno no educativo se diversifica y la educación rebasa los sistemas escolares y se enriquece con la contribución de otros sistemas sociales.» (Ob. cit., pág. 118).

Si la educación se define como una actividad permanente, que transciende diferentes etapas de la vida, lugares, medios, recursos y metodologías..., todo lo que una persona se encuentra a lo largo de su existencia, en su devenir cotidiano, puede y debe ser considerado como un agente educativo, dentro de lo que se viene a definir como sociedad del aprendizaje o, en terminología más actual, sociedad del conocimiento.

En este contexto, los municipios adquieren un protagonismo significativo, una responsabilidad ineludible de cara a definir un modelo de convivencia, un ejercicio vital de transmisión creadora y participativa de la identidad cultural de una comunidad, con una perspectiva de mejora y transformación hacia la perfección, entendida la perfectibilidad como un continuum inalcanzable e inherente al ser humano (educabilidad), por el hecho de serlo, y que da sentido a la educación (educatividad).

No hay educación si no existe intencionalidad educativa, sistematización y una orientación hacia la perfectibilidad.

Al ser la educación una responsabilidad de toda la sociedad, debe ser esta la que defina, a través de todos los medios y organismos a su alcance, la orientación de la educación y, a ser posible, en los ámbitos más vitales y próximos donde se desarrolla la vida misma, donde se producen y resuelven sus conflictos; donde se generan y proyectan sus esperanzas e ilusiones; en las entidades locales, en las ciudades.

"Si la ciudad es el hábitat natural del ciudadano, es ella la que le ha de procurar medios de cultivarse como ciudadano, la que ha de alimentar, crecer, estimular y provocar." (TERRICABRAS: La ciudad educadora. Barcelona, 1990, pág. 34).

La ciudad «es un mosaico complejo de la vida social, donde se encuentran y cruzan los hombres y las mujeres, los viejos y los jóvenes, los pobres y los ricos, los "normales" y los "desviados", los nativos y los extranjeros.» (BESNARD. Idem, pág. 257).

Existen indicadores que presentan las ciudades como los ámbitos territoriales donde se va a generar y desarrollar el debate sociopolítico en el futuro inmediato, donde se resolverá la proyección de sus habitantes hacia la idea global y profunda del concepto de ciudadanía y de "ser ciudadano" como expresión más profunda del desarrollo democrático.

«La comunidad a la que pertenece el individuo es un poderoso vector de educación, aunque sólo sea por el aprendizaje de la cooperación y la solidaridad o, de manera acaso más profunda, por el aprendizaje activo de civismo.» (Informe Delors. Ob. cit., pág.120).

Para ello, las Administraciones locales, los ayuntamientos, deben proyectar su debate más allá de lo meramente administrativo y procedimental, cuyos primeros actores son los funcionarios, muchas veces condicionantes de la toma de decisión política.

El hacer ciudad necesita un amplio debate político, social, también técnico... que rebase el modelo burocrático de ayuntamiento administrador, que genere ilusiones, que cuente con los ciudadanos como elementos activos de su construcción, y que defina y lidere un proyecto de futuro que haga que estemos orgullosos de nuestra ciudad.

Las entidades locales, fundamentalmente las grandes ciudades, por razones obvias, experimentaron con el advenimiento de la democracia un resurgir reflejado en diversidad de actuaciones, servicios, mejoras en definitiva que lograron un indudable aumento de la calidad de vida de sus habitantes, generando un sentimiento de ilusión y de identificación positiva del ciudadano con su ciudad.

Transcurridos casi treinta años, posiblemente ha llegado el momento de realizar un análisis crítico de las experiencias para, en su caso, definir nuevas políticas más adaptadas a la realidad, a las necesidades actuales que den respuesta a los intereses y necesidades de los ciudadanos y a su proyección de futuro, dentro de una sociedad más dinámica, mucho más abierta a multitud y diversidad de posibilidades, pero también más compleja y no exenta de riesgos y exclusiones.

El siglo XXI se nos está presentando como el siglo de la educación desde una perspectiva internacional. Esta orientación es el argumento del informe Unesco, que ve en ella una fuente de progreso, de cohesión y vertebración, de lucha contra la exclusión. El propio lema del informe (La educación encierra un tesoro) es un indicador del potencial que la comunidad internacional otorga a la educación.

Pero hay que admitir, y el propio informe lo hace, que la opinión de la comunidad internacional es un factor importante para el desarrollo y la orientación de la educación, pero no el exclusivo. Corresponde también un posicionamiento en este sentido de los poderes públicos y de la comunidad local y educativa para que la educación se convierta en uno de los pilares de la mejora social.

No en vano, es en el terreno educativo donde posiblemente se está produciendo una serie de fenómenos que implican un posicionamiento, una toma de decisiones urgentes de la sociedad y los poderes públicos. De este debate no debe permanecer al margen ni indiferente nuestra Administración municipal, que tiene que definir el papel que quiere o debe asumir.

En el análisis de nuestro entorno, encontramos varios aspectos que han de configurar el posicionamiento de la actividad municipal:

  • La descentralización administrativa, que convierte la educación en uno de los elementos centrales de la gestión política. Por lo tanto, también de diversas y singulares "propuestas electorales y/o electoralistas" que a la vez pueden acarrear tensiones entre diferentes grupos que bien podrían conducir a una "inoperancia" a la hora de dar repuestas a diversas situaciones y cuestiones trascedentes, cuantitativa y cualitativamente, tanto para nuestra calidad de vida como para nuestra identidad cultural.
  • Parece haber llegado el momento de orientar servicios municipales basados en análisis de realidades pretéritas y de contextos poco evolutivos, que no han sabido o podido adaptarse a las exigencias de entornos más flexibles y dinámicos, a exigencias que demandan respuestas globales para solucionar de una forma eficaz y eficiente las necesidades siempre cambiantes de los ciudadanos. Es necesario abordar estrategias para definir los servicios orientados y centrados en el ciudadano, con estrategias de gestión basadas en la planificación y el control de objetivos e introduciendo parámetros de calidad exigibles a toda empresa productora de bienes y/o servicios.
  • La redefinición del papel que deben jugar las corporaciones locales en la sociedad actual. La sociedad actual se define por la globalidad, versatilidad, flexibilidad; la continua adaptación de sus organizaciones al cambio, la actuación e interacción de diversos y diferentes agentes sobre la realidad, desde diferentes perspectivas, etc.

El Estado, que se nos ha manifestado hasta hace poco como el poder administrativo garante de seguridades sociales y elemento garantizador del equilibrio social, parece haberse desgastado y aparece como demasiado pequeño para resolver problemas globales, y demasiado grande para resolver problemas concretos, locales, donde prima la afirmación de la propia identidad.

«La democratización del país ha modificado la forma de Estado, ha incrementado las libertades públicas y potenciado la participación ciudadana, apareciendo la acción del Municipio.» (Colom, A.: Condicionantes sociopolíticos de la educación. Ed. CEAC. Barcelona, 1995, págs. 36-38).

Los Gobiernos autónomos parecen tender a repetir los mismos esquemas del Estado en su ámbito territorial. En este contexto, la sociedad demanda a la Administración local nuevos comportamientos, nuevos y más profundos compromisos que aporten soluciones a los diferentes problemas:

  • más en la línea de: generar opinión; crear pautas y modelos de innovación; potenciar redes intercomunicadas que nos lleven a un escenario más global, donde las sinergias resultantes actúen como factor multiplicador, para abordar y resolver los problemas desde la suma de las diferentes perspectivas existentes dado que la actual sociedad se define por su complejidad;
  • que en la línea de: gestionar organizaciones para resolver los problemas de hoy, pero que se vuelven obsoletas y pesadas estructuras centradas más en dar respuestas a las demandas del funcionariado, y en su subsistencia e incluso reproducción, que en atender las necesidades de los ciudadanos, con una vocación de proyectarse hacia el futuro.

Ello significa la asunción de un compromiso de liderazgo social sobre las instituciones y organizaciones públicas y privadas del entorno, lo que conlleva:

  • Un posicionamiento de la Administración en el entorno, no como un agente competidor, sino facilitador y mediador cualificado.
  • Este liderazgo no puede ser viable si la percepción que se posee de la Administración es un sistema burocrático, una carga pesada y obsoleta. 

La Administración actual debe configurarse como una moderna empresa de servicios, centrada en el potencial y la "inteligencia" de sus recursos humanos, más formados, más motivados y al servicio de la comunidad, y que operan con estrategias de gestión rápida, eficaz y eficiente. Esta visión supera el modelo burocrático de Administración y se orienta hacia modelos alternativos dominados por «dos megatendencias: de un lado, una de orientación eficientista sesgada hacia la reducción del déficit público y la contención del gasto; (...) de otro, una orientación de "servicio público" caracterizada por una apertura más receptiva a la demanda social, la consideración del ciudadano como cliente, y el énfasis de la mejora de la calidad...» (LONGO, F.: Modelos organizativos postburocratizados en la gestión del Estado).

  • El eje fundamental de este liderazgo debe ser la democracia, que potencia: 1/ mecanismos de participación social que legitimen de una forma operativa el liderazgo social de la Administración; 2/ la superación de la imagen del ciudadano «administrado» por una «imagen y status de ciudadano», «centrado en la dignidad y libertad para el desarrollo de la personalidad y derechos de rango constitucional.» (PAREJO, L.: Presupuestos, condiciones y elementos esenciales de un nuevo modelo de gestión pública).
Imprimir