Introducción
Acotaciones iniciales a modo de introducción
El concepto de ocio puede generar equívocos, sobre todo a partir de alguno de sus derivados ( ocioso ). No debemos olvidar que, en sentido estricto, ocio es la inacción, cesación de trabajo o total omisión.
No es nuestro interés profundizar en este sentido de inactividad. Asumimos, de entrada, la existencia de matices diferenciales en relación con el tiempo libre; sin embargo, nos interesa conceptuar el ocio en esta dirección. Es decir, entendemos el ocio como el tiempo libre o tiempo disponible que no empleamos en trabajar, no necesariamente como tiempo de pasividad o inactividad; es un tiempo a nuestra disposición que podemos utilizar adecuadamente o malgastar, que utilizamos para hacer lo que nos gusta y para el crecimiento personal.
El ocio no es hacer nada. Defenderíamos más bien lo contrario: «el ocio es una actividad, una inversión en nosotros mismos, en nuestra sensibilidad, en nuestro afán de conocimiento, en nuestra búsqueda de perfección, en nuestra capacidad de disfrutar con lo que nos conmueve, nos cautiva o favorece nuestra realización» (Sáez, 2000:2).
En síntesis, apostamos por una conceptualización activa y positiva del ocio frente al concepto simplista del no hacer nada. Ocio, pues, es la realización de actividades que desarrollan nuestra imaginación y nuestras capacidades; ocio es disponibilidad para hacer lo que nos gusta; ocio es una oportunidad de enriquecernos individual y colectivamente.
El ocio, al igual que el trabajo (negocio) es reconocido como un derecho que tenemos las personas. La propia Constitución Española así lo refiere en su artículo 43.3: «Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo facilitarán la adecuada utilización del ocio».
No obstante, desde esta lógica del Derecho cabe preguntarse también si se hace una adecuada utilización del ocio o, por el contrario, en la sociedad globalizada, tecnológica, que vivimos, el ocio puede convertirse en consumo por no saber encauzar sus perspectivas creativas que favorecen el desarrollo de la personalidad.
Con esta reflexión caemos de pleno en la importancia y el papel de la formación para el ocio, obviando momentáneamente el papel del propio ocio para la educación y el desarrollo armónico de la personalidad. Aún más, partimos de la idea de que la vivencia del ocio, más allá del consumo, ha de ser una experiencia integradora entre los valores personales y el sentido que se otorga a la vida. Solo se podrá lograr una vivencia positiva si existe una formación, a lo largo de toda la vida, que permita la capacidad de comprensión de los beneficios que comporta un ocio de calidad. Para ello necesitamos un modelo que debe dejar a un lado el basado en la mera ocupación del tiempo como bien de consumo, para fomentar el ocio como desarrollo personal, cuyo objetivo principal es la consecución de esquemas interpretativos de las experiencias personales (los sentimientos, las emociones, la creatividad o la imaginación, etc.) que implican una respuesta más personalizada y equilibrada con el contexto.
Desde un punto de vista educativo, pues, el tiempo de ocio es algo más que el mero tiempo libre. Es una buena oportunidad para elaborar proyectos de intervención educativa que complementen la educación formal en la búsqueda de desarrollo personal y social.
Tras esta mínima conceptualización y ubicación de la formación en relación con el ocio, queremos adentrarnos en algunos de los principios de dicha formación, para recalar en un momento vital particular de la vivencia y la formación «para» y «en» el ocio, como es el momento post-laboral de la jubilación.
Después de los 60
La formación después de los 60 años
La formación para las personas mayores se inscribe, como ya hemos apuntado en la introducción, en la perspectiva de la formación permanente o del aprendizaje a lo largo de toda la vida (LLL), a lo que también podríamos añadir toda la vida para aprender. Con ello nos estamos remitiendo a «la posibilidad de que cada ciudadano pueda realizar su proyecto de formación a lo largo de toda su vida» (Comisión Europea, 2001).
La formación para las personas mayores se inscribe, como ya hemos apuntado en la introducción, en la perspectiva de la formación permanente o del aprendizaje a lo largo de toda la vida (LLL), a lo que también podríamos añadir toda la vida para aprender. Con ello nos estamos remitiendo a (Comisión Europea, 2001).
Con independencia de lo que podríamos afirmar del sentido y el contenido de dicha formación, no cabe duda de que el propósito medular de lo permanentemente educativo es la posibilidad individual de participar socialmente en todas las manifestaciones humanas: desde el tiempo de libre disponibilidad, hasta el tiempo dedicado al trabajo productivo. No hay, pues, justificaciones academicistas ni culturales. Es una necesidad de pertenencia al grupo social y sólo se pertenece si se actúa en él y en el medio que le es propio. El fundamento que justifica la educación permanente es la verdadera liberación personal y grupal que elude cualquier intento de alienación.
Lo que acontece es que cada individuo va aprendiendo a participar socialmente gracias a su propio desarrollo evolutivo, por un lado, y a la adquisición de contenidos culturales, procedimentales, actitudinales y axiológicos que le dan herramientas adecuadas para la participación en su entorno, por otro. Estas herramientas, además, son las que determinan la capacidad para seguir aprendiendo y, por lo tanto, de estar en todo momento en disposición de seguir comprometido con la participación.
En síntesis, y en consonancia con diversos autores (Ferrández, 1997, 2000; Laberge, 1999; Otero, 2000; Navío, 2005), podemos caracterizar la formación permanente como:
- La respuesta a los cambios sociales y tecnológicos de los últimos años, donde el aprendizaje no puede limitarse únicamente a los años de escolarización, por su insuficiencia para atender las necesidades derivadas de dichos cambios, sino que es imprescindible la consideración de un aprendizaje a lo largo de toda la vida.
- Una estrategia globalizadora e ilimitada que incluye la educación escolar, la extraescolar, la profesional y la extraprofesional con el objetivo de aprovechar todas las posibilidades independientemente de la edad, formación inicial, estatus social o experiencias previas. Así, cualquier espacio y tiempo pueden convertirse en una opción educativa orientada a cualquiera de las dimensiones de la persona y de la vida.
- La que conduce a nuevos medios de aprendizaje y nuevos métodos de enseñanza articulados sobre la base de la participación, la observación, la creatividad, la reflexión, el trabajo en equipo, el contexto de la empresa, el contexto social y los avances tecnológicos.
- La formación que se desarrolla en la sociedad de la información, sin limitarse a acciones compensatorias, pero con nuevos retos: el desarrollo personal y la mejora del empleo y de la competitividad.
- Una educación de todos y por todos ; porque todos tienen posibilidades de aprender y de enseñar. Por tanto, los educadores y formadores se convierten en agentes y no en quienes, de manera unidireccional, conducen el proceso educativo que otros consumen.
Retomando nuestros destinatarios, y bajo la caracterización realizada sobre formación a lo largo de la vida , podemos apuntar, en la línea de las conclusiones del VI Encuentro Nacional de Programas Universitarios para Mayores, que:
- no hay una edad determinada para aprender; todo depende de la persona y de la voluntad de querer hacerlo;
- se debe poseer un alto concepto de la formación personal, aunque no tanto con fines competitivos o de carácter profesional;
- la formación ayuda a los mayores a descubrir y poner en práctica todo aquello que todavía son capaces de comprender, hacer y ser;
- los cursos suponen una experiencia gratificante, ayudan a la realización personal, además de fomentar las relaciones y la convivencia;
- los cursos sirven para comprender la realidad actual, crean estímulos para mantenerse física y psíquicamente activos y permiten adquirir competencias para atender por sí mismos las necesidades de salud, ocio y vida cotidiana.
La formación de los mayores cambia la orientación profesional para dirigirse al ámbito de lo personal, lo cultural, lo social para poderse desenvolver en un contexto de continuo y progresivo cambio y, aunque parezca paradójico, se convierte en una necesidad más que en un divertimento o un lujo. Esta reflexión es de interés por cuanto reorienta el papel de la vejez de pasar a ser un periodo de dependencia y deterioro, para convertirlo en un periodo de reto y productividad. Estamos ante lo que algunos han denominado envejecimiento activo , es decir, el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad, con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen (ONU, 2002, OMS, 2002).
Hoy día se habla mucho de brechas , de exclusión , sobre todo en lo concerniente a las TIC, la formación, los recursos económicos, etc., y es aquí donde la formación cobra un fuerte protagonismo, si es capaz de mitigarlas y contrarrestarlas, al operar con claves estratégicas para satisfacer las necesidades formativas que se derivan de los nuevos retos y demandas sociales en la nueva sociedad de la información.
Esto exige la superación de determinados tópicos. Cierto es que con la edad, con el paso del tiempo, se van mermando o perdiendo capacidades físicas y psíquicas (reflejos, agilidad, memoria, agudeza sensorial?) pero también es cierto que pueden ser contrarrestadas con la voluntad, la curiosidad o la propia experiencia de los años. Además, no debemos olvidar que en este escenario de formación a lo largo de la vida hemos reconocido un derecho constitucional a la formación y el ocio (Constitución Española de 1978), amén de los referentes existentes tanto en el contexto europeo (Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, 2004), al proyectar la formación continua y permanente, así como los propios principios de las Naciones Unidas relacionados con las personas de la tercera edad (1991).
Insistimos, la formación se convierte en una de las estrategias más relevantes del envejecimiento activo, sobre todo por los beneficios y ventajas que conlleva: potencia el desarrollo personal en todos los sentidos, facilita espacios donde las relaciones intergeneracionales se convierten en un hecho cotidiano, es una forma útil de ocupar el tiempo libre, mantiene activa la mente y el cuerpo, mejora la autoestima de los que no tuvieron oportunidad de formarse en momentos anteriores, orienta preventiva y potencialmente los hábitos y estilos de vida saludables, potencia la autonomía y disminuye la dependencia; motiva a las personas mayores a seguir creciendo y, en conclusión, a mejorar su calidad de vida.
Formación para el ocio
En este apartado queremos sencillamente plantear algunas de las claves y principios de la formación para el ocio, extraídos de algunos autores significativos sobre el particular, que servirán de referente a la hora de articular propuestas formativas.
Erich Weber (1969), pionero sobre la formación para el ocio, ofreció dos claves sobre su necesidad:
- toda persona necesita una formación para utilizar de forma razonada su tiempo libre y convertirlo en un espacio gratificante y con sentido;
- la utilización adecuada del tiempo libre proporciona armonía en el ritmo de vida de las personas y en la propia organización de los tiempos.
El referido autor nos redirige en esta utilización adecuada a actividades relacionadas con el descanso, los juegos, la diversión, la cultura y el deporte, aunque no llega a diseñar un modelo pedagógico específico. A la vez nos previene del uso inadecuado, considerando que la educación para el ocio ha de fomentar una vivencia útil, eficaz y gratificante para la persona así como desarrollar la toma de decisiones entre las diferentes alternativas que se tienen en el entorno. Weber (1969) declara que la educación ha de ofrecer ayuda para que la persona pueda tomar decisiones correctas en su tiempo libre.
En nuestro contexto, Puig y Trilla (1996) han aportado múltiples e útiles indicadores que ubican la pedagogía del ocio en el contexto de la sociedad actual y las propias necesidades que genera.
Para dichos autores, los principios generales que deben orientar toda pedagogía del ocio se pueden cifrar como sigue:
- 1. Respetar la autonomía y la libre elección. La pedagogía del ocio ha de ir dirigida a enseñar a crear, no sólo a consumir; ha de generar alternativas para que se pueda elegir; ha de fomentar y no suplir.
- 2. Armonizar la diversión, creación y el aprendizaje en las actividades de ocio que se realicen en el tiempo libre, tanto de forma individual como colectiva.
- 3. Respetar la contemplación frente al activismo desenfrenado que impregna nuestra sociedad. Toda persona, en su tiempo libre, tiene derecho a no hacer nada, y la ociosidad que conlleva el no realizar actividad alguna puede servir no solo como terapia, sino como fuente de aprendizaje si la contemplación comienza a formar parte de una necesidad vital.
- 4. La evaluación no debe estar presidida por criterios utilitaristas; debe realizarse analizando los procesos intrínsecos de la propia actividad y el grado de satisfacción que produce.
- 5. Ayudar a descubrir el placer que genera la realización de las tareas cotidianas que se han de realizar en el tiempo libre, tales como cuidar una casa, realizar las compras, relacionarse con los vecinos, etc. Se fomenta de esta forma el valor de lo cotidiano.
- 6. Desarrollar la contingencia de lo extraordinario, ofreciendo la oportunidad de realizar actividades que se salgan de la rutina diaria.
- 7. Liberar tiempo para el ocio gratificante y formativo, planificando adecuadamente el tiempo libre para impedir que se pierda en actividades tales como los desplazamientos en las grandes ciudades.
- 8. Detener la polarización entre los tiempos, proyectando al tiempo de trabajo las cualidades positivas que, al parecer, solo tiene el tiempo libre.
- 9. Participar en la formación de las diversas instituciones que se ocupan de organizar actividades en el tiempo libre, como son los clubes o las ludotecas.
- 10. Evitar el aburrimiento y el tedio, muy frecuente en el tiempo libre tanto de los niños como de los adultos, que impiden que se lleve a cabo el verdadero objetivo del ocio: proporcionar placer y disfrute mediante el desarrollo de determinadas actividades que favorecen el desarrollo personal de cada sujeto.
- 11. Compatibilizar el ocio individual con el colectivo para lograr un encuentro satisfactorio con uno mismo y con los demás.
- 12. Identificar los ocios nocivos y crear un sistema de valores que genere el rechazo de esos ocios.
Con todo, no debemos olvidar que existe todo un conjunto de condicionantes que afectan a la pedagogía del ocio y deben ser considerados a la hora de plantear una acción formativa en tal dirección. Nos referimos a:
- a) Las posibilidades que ofrece el contexto envolvente (familiar, escolar, social ...) como pueden ser los equipamientos culturales y deportivos, espacios recreativos, lugares de esparcimiento y/o contacto con la naturaleza, medios de comunicación.
- b) Las posibilidades reales de acceso en el contexto como nivel económico, edad, sexo, estatus social, rol familiar, costumbres...
- c) Los antecedentes educativos bien sean del ámbito formal, no formal o informal.
- d) Las propias características personales como gustos, intereses, preferencias, capacidades...
Ocio y formación
Qué ocio. Qué formación para mayoresHemos de decir que se trata de un colectivo muy numeroso de personas, a la vez que diversificado y heterogéneo. Por ello es muy difícil concretar una aportación sobre el tipo de ocio y formación para las personas mayores, prescindiendo del conjunto de variables personales y sociodemográficas que justifican dicha diversidad. No cabe duda de que variables como el sexo, la edad, el estado civil, el nivel de formación de base, la situación familiar, el nivel de dependencia, la salud general, la zona geográfica de residencia, el nivel socioeconómico, la personalidad, la categoría laboral, la profesión, etc., por referenciar las más usuales en los estudios de investigación realizados, inciden en las necesidades formativas, las posibilidades o disponibilidad real de afrontar la formación y el ocio.
Con todo, al margen de esta consideración diferencial, podemos al menos apuntar diferentes ámbitos y contenidos de formación y ocio para un envejecimiento activo.
Un primer bloque de consideración podría ser el propio proceso de transición de la vida activa a la jubilación . Si las expectativas son positivas y están planificadas, se obtendrá un ajuste adecuado y satisfacción en la jubilación; en caso contrario, habrá que planificar los futuros años de vida. En este sentido, propugnamos acciones formativas de ajuste adecuado al nuevo estatus. Hay que partir de conceptualizaciones en las que la jubilación no es un estado final, sino un proceso, una transición del trabajo al no trabajo, y el grado de satisfacción con el estado final debería depender de cómo se ha vivido dicho proceso de transición.
En consonancia con Madrid y Garcés (2000), podríamos considerar al menos cuatro áreas de contenido de formación:
- La jubilación como tránsito continuo desde el trabajo habitual (planificación de nuevas actividades en el hogar, lúdicas, en acciones profesionales independientes; planificación de los objetivos vitales que se quieren conseguir en el tiempo que queda por vivir, frente a pasar la vida «sin hacer nada»; planificación general conjunta con el resto de los miembros con los que se convive).
- Desarrollo de habilidades personales (de interacción personal: comunicación, empatía, estrategias de negociación, comprensión; de prevención de problemática psicológica; de conceptualización de la nueva situación...).
- Técnicas de desarrollo psicológico (de autocontrol, de relajación, de gestión del estrés, de planificación, de habilidades sociales...).
- Prevención de problemática general (asunción de la realidad física y mental actual, conocimiento y medidas de prevención de trastornos de tipo físico y psicológico...).
Además de lo apuntando en relación con la transición y el ajuste, ligado fundamentalmente a lo personal (autoconocimiento, gestión de emociones y hábitos de vida saludable), habría que proponer formación continua en relación con la transmisión de la propia experiencia y conocimientos profesionales, y las TIC. Estas necesidades han emergido en diferentes estudios, en particular en el que realizamos dentro del Proyecto OPAL -Older Peaple - Active Learners- (Cifo, 2006) y el AWISE (Kochanek, 2006).
Un segundo bloque global podría estar ligado a la propia jubilación, y más concretamente al denominado ocio activo de la tercera edad. En este apartado podemos considerar diferentes ámbitos y escenarios de formación y ocio.
- 1. La propia formación o ampliación de estudios que en otro momento no se pudieron realizar. Cabe aquí cualquier posibilidad formativa ligada a la integración en los diversos subsistemas de formación y titulaciones, desde la escuela de adultos hasta las propias aulas universitarias, desde la mera formación compensatoria a la formación especializada. La oferta formativa y de actividades en este ámbito es amplísima, así como los diferentes papeles a asumir, no circunscritos al papel de alumno; también se puede operar como profesor, investigador, incluso en acciones de extensión, como puede ser guía cultural, talleres, aulas de lectura. Un fiel exponente de lo que decimos es el auge en la última década de las aulas universitarias de tercera edad (Ordóñez, 2004) así como las escuelas de adultos en lo referente a las ofertas formativas de ocio ligadas a talleres de literatura, artes plásticas o escénicas, idiomas, informática, etc.
- 2. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) constituyen por sí mismas todo un ámbito de formación y ocio en la sociedad del conocimiento. Las nuevas necesidades formativas derivadas de la ubicación en este escenario envolvente y condicionador de las relaciones sociales, amén de lo que pudiéramos definir como escenario particular de consumo de ocio, son una realidad que hay que afrontar para no agrandar la mencionada brecha digital. Por ello es imprescindible formar en este escenario. Dicha formación debe pretender integrar a los mayores en la sociedad de forma plena y productiva para aumentar su autoestima enriqueciendo el nivel cultural, y lograr que los mayores utilicen los sistemas modernos de información y comunicación como un recurso más, satisfaciendo sus inquietudes, desmitificando la complejidad de su manejo y descubriendo otra forma de ocio para cubrir su tiempo libre. La oferta formativa y los contenidos sobre este particular es igualmente amplia y muy cercana y asequible para los destinatarios de acuerdo con las necesidades que en este momento se manifiestan, ligadas especialmente a la alfabetización digital, la comunicación personal, la información y las transacciones remotas, el ocio y entretenimiento, la formación y trabajo on-line . Aún más, existen páginas web especificas y destinadas para la personas de la tercera edad ( www.mayormente,com ; www.jubilatas.com ; www.50ymas.com ; www.uniges.com ...).
- 3. El asociacionismo se convierte también en un ámbito de actuación, particularmente ligado al ocio. La virtualidad de este ámbito se fundamenta en que la iniciativa surge de los propios afectados que buscan sus propias soluciones o respuestas formativas a sus necesidades de formación u ocio. De todas formas, no debemos plantear el asociacionismo al margen de los ámbitos planteados, por cuanto se encuentra en el cruce de aquellos; es decir, en y desde el propio club u organización se atiende a las ofertas y a las demandas internas o externas de formación y ocio. Lo más normal es la solicitud-demanda a la asociación de los voluntarios «para», o también la oferta «sobre» nuevos cursos gratuitos y voluntarios de TIC, etc.
- 4. El voluntariado se está erigiendo como una alternativa al ocio activo sumamente de interés. No son pocas las entidades locales, asociaciones, centros cívicos, ONG que precisan personas con edades avanzadas, ricas en conocimiento y experiencia, para realizar tareas de guías culturales, apoyo a las propias escuelas locales y guarderías (cuentacuentos), acompañamiento en eventos especiales e incluso gestión del tráfico municipal. El protagonismo de los ayuntamientos, en concreto, para incorporar a los mayores a dichas acciones es capital, en estrecha conexión con las propias organizaciones de las personas mayores, (casa del pensionista, hogar del jubilado). A todo ello habría que añadir acciones sociales asociadas al acompañamiento de otros mayores, personas enfermas, discapacitados, centros de acogida, centros de día (que pueden requerir, por cierto, de formación especializada y que los propios mayores están sumamente predispuestos a abordarla). No debemos olvidar en este contexto de voluntariado y solidaridad la emergencia del «banco del tiempo» como un recurso de previsión y gestión de las necesidades futuras de los propios mayores.
- 5. El asesoramiento , en los últimos tiempos, se está erigiendo en un pilar especial de participación, trabajo y formación. Hasta el punto que ya existen asociaciones sobre este particular. Un claro exponente es SECOT (Voluntarios Séniors Españoles para la Cooperación Técnica), cuya función principal es el asesoramiento a los nuevos y jóvenes empresarios. En muchos casos puede considerarse como una derivación del voluntariado, aunque también se constituye como un sistema más de mantenimiento parcial de actividad laboral. Dentro de este ámbito podemos considerar todo lo relativo a las relaciones intergeneracionales y, en particular, el aprendizaje intergeneracional, aunque no es exclusivo de este ámbito, como puede verificarse en relación con lo visto hasta ahora.
Para finalizar, todos y cada unos de los ámbitos revisados, así como el conjunto de contenidos de formación y ocio que podrían considerarse, apuntan en la dirección del envejecimiento activo, y son fuente de desarrollo en todas las dimensiones de la persona, potenciando las relaciones personales (en particular, las intergeneracionales); y constituyen una buena vía para promover la calidad de vida, facilitando oportunidades a los mayores y posibilitándoles estrategias que les hacen más competentes para envejecer con éxito y ser más solidarios con la sociedad.