Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Julio 08

Orientación e inserción laboral

Por Jurado de los Santos , Doctor en Ciencias de la Educación. Universidad Autónoma de Barcelona.

La orientación profesional trata de los servicios y las actividades susceptibles de dirigirse a personas de toda edad y en todas las etapas de su vida, para ayudarlas en sus elecciones personales, educativas o profesionales y en su desarrollo profesional.

Introducción

La orientación debe ser considerada como un proceso que incorpora acciones sobre el individuo y sobre el contexto. Se trata de establecer posibilidades de intervención en función de los análisis que, desde una planificación coherente, procuren fijar fundamentos relacionados con los objetivos que se pretenden. Estos objetivos llevan a plantear dinámicas que intentarán abordar la relación adaptativa entre los sujetos y los contextos de desarrollo presentes y futuros. Las alternativas se plantean como prospectivas, en función de las posibilidades, conformadas a partir de los análisis de los datos disponibles sobre los sujetos y sobre las realidades de los entornos, que son el referente para la contrastación de alternativas y oportunidades centradas en la interacción persona-contexto. Se establecen, además, propuestas que incorporan mecanismos de actuación; éstos se refieren específicamente a programas, estrategias y métodos para, en nuestro caso, conseguir la inserción y/o adaptación al mundo del trabajo por parte de las personas.

La orientación profesional trata de los servicios y las actividades susceptibles de dirigirse a personas de toda edad y en todas las etapas de su vida, para ayudarlas en sus elecciones personales, educativas o profesionales y en su desarrollo profesional. Como servicios y actividades, pueden incorporarse desde distintos ámbitos, formales o no formales, privados o públicos, orientados a los individuos y a los grupos.

Proceso

Elementos a destacar en el proceso de orientación

Como proceso dinámico e interprofesional y, si cabe, multiprofesional, la orientación implica a diversos agentes que interactúan y que definen un modelo de acción dominado por lo colaborativo, que define la intervención. Esta intervención es susceptible de ser realizada en diferentes niveles, en función de la tipología de centro, de las personas, de los recursos e instrumentos, del factor temporal condicionante y, lógicamente, de los objetivos perseguidos.

En tanto que la visión de futuro es el referente de las actuaciones de orientación, requiere disponer de elementos suficientes y contrastados como para que la probabilidad predictiva sea alta. Se trata, en definitiva, de conseguir un alto nivel de control sobre las variables que se incorporan a la inserción laboral. Estas variables pueden definirse desde la focalización sobre el universo persona y sobre el contexto de inserción.

Este universo persona permite entender la realidad en la que se enmarca, pues se trata de describir todos los aspectos que emanan de la consideración personal, que se prescriben para definir el punto de partida atendiendo al referente de la inserción. Esta concepción debe priorizar las competencias denominadas de empleabilidad y de adaptabilidad del individuo .

El contexto de inserción se refiere a un constructo que viene definido por la realidad del mercado de trabajo, por la realidad social, económica y cultural asociada. Se trata de describir el marco de adaptación y de las futuras acciones que deberá realizar el individuo.

La orientación ha de partir del conocimiento de la persona, entendiendo que éste se refiere a una serie de realidades como las que se presentan a continuación:

  • Realidad personal. Tiene presente la situación madurativa por la que está pasando el alumno adolescente (fisiológico, cognitivo y afectivo). A través de la orientación se proporcionan elementos para la reflexión de forma que el alumno pueda afrontar su propia situación personal y su futuro en relación con lo académico y lo laboral.
  • Realidad educativa. El análisis intenta afrontar las problemáticas que surgen (prolongación escolaridad, diversidad del alumno, ambiente social conflictivo, diversificación de oferta educativa, atención a grupos marginados y desfavorecidos...) y sus consecuencias para el alumno, de forma que se puedan proporcionar alternativas.
  • Realidad vocacional. Incide en la madurez vocacional, teniendo presente la reflexión y el conocimiento sobre sí mismo, la planificación de la carrera, los recursos para la exploración, la información y toma de decisiones y la aproximación al mundo laboral.

Por otra parte, el objetivo de los procesos de orientación debe tener como referente el desarrollo de competencias personales y sociolaborales que preparen a la persona para dar una respuesta efectiva a las necesidades sociales y laborales que emergen en los diferentes momentos de su trayectoria socioprofesional. Estas competencias personales y sociolaborales, también conocidas como factores de empleabilidad, van a identificar y definir las competencias clave, considerándolas la base del planteamiento de modelos e instrumentos de orientación para la inserción laboral. Empleabilidad y adaptabilidad se consolidan como ejes de actuación para la detección y análisis de necesidades que van definir las líneas de intervención de los programas y servicios de orientación.

El futuro profesional de cualquier persona hay que enmarcarlo en un proceso interactivo, en el que se relacionan variables que le afectan; entendiendo que como individuo dispone de aprendizajes, intereses, valores, expectativas o motivaciones que se vinculan a su realidad personal-social, así como variables o factores intervinientes, definidos por esa otra realidad social, económica y laboral en la que debe participar. No podemos, por ello, dejar de lado campos como el de la formación y la orientación, como ámbitos de intervención estrechamente relacionados, que ayudan a afianzar la toma de decisiones sobre las trayectorias profesionales de las personas para acceder al mercado laboral.

Contar con los elementos que se ponen en juego en la situación definida por las trayectorias se hace necesario, dado que permiten justificar la inmediata y necesaria intervención y asesoramiento. Se entiende, asimismo, la existencia de itinerarios profesionales, que pueden ser iniciados para cualquier colectivo que lo solicite y esté motivado para su incorporación al mundo del trabajo. Son caminos que pueden ser seguidos antes de acabar la escolarización, para la transición escuela-trabajo. Parten de un itinerario formativo específico que facilite el acceso a un empleo, oficio o profesión; en alguna ocasión puede ser iniciada de nuevo, en la medida que se perciba la necesidad de volver a orientar a una persona hacia un nuevo sector laboral.

Por otra parte, debemos tener presente la premisa de que la orientación para la inserción laboral pretende conjugar los aspectos educativos y vocacionales para que las personas puedan ir definiendo su futuro profesional. Implica que este trabajo se desarrolle desde la formación de base que se imparte actualmente en las instituciones académicas, o bien por la propia experiencia laboral adquirida a través del tiempo.

Modelos

Algunos apuntes sobre los modelos de orientación

Las intervenciones, desde la orientación, pueden tener carácter proactivo o reactivo . El primero es específicamente preventivo, entendiéndolo antes de que aparezca el problema, por lo que debe incidir fundamentalmente desde el proceso de escolarización de los alumnos; el segundo centra su acción en lo rehabilitador, en lo correctivo. Con lo cual, dependiendo del tipo de modelo que se decida aplicar, el proyecto y el programa educativo y de orientación que vayan a definir tendrá unas características y estrategias que primarán sobre otras.

En general, podemos observar la siguiente clasificación de los modelos de orientación (Sanz Oro, 2001) susceptibles de ser planteados por los servicios educativos:

  • De counseling. Se basa en la atención individualizada, en una relación terapeuta-cliente, orientador-usuario, cuyo objetivo se orienta a satisfacer las necesidades del individuo. La intervención está en función del diagnóstico y tiene una dimensión terapéutica. La entrevista es el procedimiento típico de este modelo.
  • De servicios. La acción se centra en las personas que tienen problemas y responde a su iniciativa, llevando a una intervención caracterizada por su dimensión correctiva basada en la acción específica.
  • De programas. Se fundamenta en la detección y el análisis de necesidades, así como en el proceso subsecuente para su satisfacción o atención; es decir, propuesta de objetivos, planificación y puesta en marcha de los procedimientos para conseguirlos a través de la realización de actividades y evaluación. Tiene un carácter básicamente proactivo. La intervención puede ser individual o grupal.
  • De consulta colaborativa. Tiene presente una serie de relaciones entre diversos agentes que lleva a plantear la necesidad de una intervención directa sobre el sujeto que presenta problemas a través de la mediación y el soporte (consultor), desde una relación de igualdad. Tiene carácter proactivo.
  • Psicopedagógico. Se corresponde con planteamientos globales y sistémicos, en los que, además de asumir los anteriores modelos, ejerce su acción sobre la institución educativa como perturbadora o facilitadora de los procesos de aprendizaje. Se corresponde con acciones proactivas a través de la relación entre los distintos niveles de intervención, ya sea sobre la persona o alumno, el aula, el centro educativo y otros agentes externos.

Por otra parte, siguiendo a Sanz Oro (2001), pueden plantearse algunos enfoques representativos de la orientación, como se expone en la tabla siguiente: Enfoques teóricos de orientación.

La preparación para la vida, para los cambios que ella incorpora en cualquier sujeto, para el trabajo, para funcionar en la comunidad, se plantea como una necesidad que los programas de intervención educativa y social deben afrontar.

La orientación, como sistema de mediación entre el universo de la persona y el universo sociolaboral, incorpora elementos para su acercamiento; no obstante, hay que tener presente que la orientación no se configura como único sistema de mediación, sino que interviene junto con otros servicios.

El sistema de mediación debe entenderse como un dispositivo que permite poner en marcha acciones que se conforman como recursos estratégicos que facilitan la consecución de objetivos, con su alcance y con el acercamiento, en nuestro caso, a la inserción social y laboral.

Inserción sociolaboral

La inserción sociolaboral y el compromiso de la orientación profesional

Es patente que muchas personas tienen algún tipo de problema que limita su acceso al empleo, o son infravaloradas en el caso de que dispongan de él, o bien sufren la segregación por parte de los compañeros y para el acceso a los recursos sociales. Por ello se convierte en una aventura de difícil pronóstico planificar acciones que incidan en la integración sociolaboral cuando las personas no disponen de soportes que la aseguren. De esta manera hay que considerar los procesos de orientación como un elemento importante de los sistemas de soporte.

La inserción en el mundo del trabajo debe ser entendida como un proceso que ha de tener presente la participación activa de una persona, a través de la realización de tareas y puesta en marcha de acciones, en un contexto cultural en el que las tareas o actividades son productivas o de prestación de servicios, por ejemplo (Jurado, 1999). De esta manera, la orientación para la integración laboral implicará acciones continuas que se complementen, desde la evaluación diagnóstica hasta la obtención y el mantenimiento de un puesto de trabajo a partir de las actuaciones que una persona realiza dentro del contexto.

En este proceso de planificación de lo que podemos denominar transición , adquirirán gran relevancia los procesos de valoración y el énfasis que se pone en los distintos elementos sobre los que actúa o sobre los que ha de incidir la valoración.

La transición no puede desligarse de la formación y la orientación para el empleo, ya que éstas actúan como mediadoras o impulsoras de la inserción. Si bien, en determinados casos, a veces más de los deseados, se hace necesario tener presente la actuación de los servicios específicos para que provean de recursos y faciliten el acceso a los lugares de trabajo.

La incorporación de programas formativos transicionales debe procurar poner énfasis en una formación de base que desarrolle y asegure el nivel de competencia de las personas desde el punto de vista personal y social, en su convivencia diaria, en su comunicación y en su relación laboral productiva. Esto puede encararse desde el acercamiento entre el universo de la persona y el sistema productivo a través del sistema formativo.

Desde la orientación, la incorporación de programas para la transición puede percibirse como una necesidad, y éstos deben focalizarse sobre la adquisición de competencias relevantes y el desarrollo de capacidades que permitan a los jóvenes afrontar con ciertas garantías de éxito su paso hacia el mundo del trabajo. Romero (1999, 115), citando a Helwig, Hiatt y Vidales, refleja los siguientes contenidos que un programa de transición ha de tener presente:

Muchos son los programas y diversos los instrumentos que se utilizan en el ámbito de la orientación profesional y vocacional. No obstante, resultan excesivas las restricciones a las que se someten, fundamentalmente al carecer de un modelo-tipo de planificación que pueda ser asumido para cualquier persona y situación, con las adaptaciones pertinentes y necesarias. De ahí que hayan sido los enfoques que procuran la adaptación a los entornos los que han preponderado (de rehabilitación, de adaptación propiamente dicho...) que promueven acciones funcionales y donde la perspectiva de futuro se ve limitada.

La apuesta por la facilitación de la inserción sociolaboral debe ser destacada, lo que implicará que deban proporcionarse oportunidades y servicios que puedan soportar la calidad de vida como adultos, mantener la integración socio-comunitaria y maximizar la importancia de lo que el sistema educativo o la formación puede proporcionar a todas las personas en general, atendiendo a la consecución de su autonomía e independencia.

La planificación de las acciones fundamentadas en el análisis del contexto sociocomunitario conformará en primera instancia el programa, atendiendo a un proceso integrado y a un currículum funcional; en segundo lugar, la planificación individualizada y su implementación deben llevar a adaptaciones individualizadas a partir de los recursos y actividades necesarias para participar en un contexto laboral, precisando las habilidades que se requieren para el desarrollo de un trabajo y estableciendo las dificultades, de manera que se busquen alternativas para su compensación. La toma de decisiones subsecuente se plantea como una tercera fase que llevará a establecer las posibilidades reales.

Un aspecto crucial en el proceso de inserción sociolaboral se refiere a la creación de presupuestos existenciales que permitan a la persona sentirse partícipe, responsable, autónoma e integrada como ciudadano que asume su rol de adulto y su rol de trabajador. Son varios presupuestos los especificados, no obstante hemos de diferenciar en ellos la capacidad o habilidad para asumir ese rol de la identificación con el mismo, por lo que el desarrollo de competencias tiene que llevar implícita la aceptación. El trabajo con las personas deberá tener presente sus características, intereses, motivaciones, expectativas, sin olvidar el desarrollo de capacidades orientadas hacia el ejercicio de una profesión u ocupación; de esta manera se facilitará la asunción del rol al que aludimos.

Por ello, al tomar como referente la necesidad del desarrollo profesional habrá que tener en cuenta las distintas etapas por las que transcurre el proceso; destacamos las siguientes:

  • De exploración. Se fijará en la motivación, actitudes, intereses y valores y en la información profesional sobre el mercado de trabajo, para determinar las necesidades, los problemas y las actividades para definir los objetivos.
  • De cristalización . Pondrá el énfasis en el establecimiento de las relaciones apuntadas en la etapa anterior.
  • De evaluación . Se trata de sensibilizar para la búsqueda activa de información a través de la planificación de la información y de la elaboración de perfiles profesionales.
  • De realización . Tendrá presente la elaboración de planes y proyectos profesionales y la previsión de fortalezas, debilidades u obstáculos y alternativas u oportunidades.
  • De consolidación de la elección . Se entiende desde el equilibrio conseguido a partir del asentamiento en la decisión.

La búsqueda de un modelo que permita poner en marcha acciones que faciliten la incorporación a un lugar de trabajo lleva a aceptar la discrepancia entre las capacidades que una persona tiene y ha desarrollado con la capacidad de los ámbitos para aceptar o integrar a esas personas. Este planteamiento puede sugerir una serie de etapas, dentro de un proceso de actuación general, que debe tener presente no sólo variables de la persona sino también de todo lo que se incorpora a los programas que actúan como mediadores, de los servicios que refuerzan la mediación y de los medios o lugares donde debe ocurrir la inserción.

Un currículum que incluya la orientación profesional debe reconocer los medios que permitan un mayor grado de independencia de la persona, a través de la planificación de servicios especializados o integrados pero que respondan y garanticen una mejor calidad de vida, sin prescindir de la idea de que el paso a la vida activa o laboral es una idea que constituye un proceso global.

Prescribir los objetivos de la orientación para la inserción resulta evidente, mas la inserción básicamente debe promover la autonomía personal y la independencia social de las personas; para ello será necesario no obviar el papel de la organización de los servicios. Asimismo, una serie de principios deben considerarse como necesarios a la hora de proceder a poner en marcha actuaciones desde los planteamientos de la orientación (OCDE, 2004):

  • Acción centrada en el usuario-beneficiario. Contempla el respeto a la independencia, la imparcialidad del orientador para evitar prejuicios, la confidencialidad, el favorecimiento de la igualdad y una aproximación global que reconozca el contexto personal, el social, económico y cultural como sistemas interactuantes.
  • Habilitación como ciudadanos. Tiene presente la participación activa a partir de actividades colaborativas y la autonomía mediante la adquisición de competencias que permitan planificar el futuro.
  • Mejorar del acceso a los servicios. A partir de la transparencia, la convivencia, la continuidad (en las distintas transiciones), la disponibilidad, el acceso y la reactividad mediante el uso de una variedad de métodos en función de las necesidades.
  • Garantizar la calidad. Implica la adecuación de los métodos de orientación, la mejora a través de la formación continua, el derecho a la reparación y la disponibilidad de personal competente en los servicios para responder a cada caso.

Entre los conceptos aludidos con anterioridad, se definía el sistema de mediación, el cual tenía la misión de aproximar el universo de la persona al mundo sociolaboral. Este sistema de mediación se compone de los servicios y de los profesionales que sustentan las acciones en pro de la inserción en el mundo del trabajo.

La integración sociolaboral y la preparación para el empleo se asume, con relación a lo que se denomina como incorporación a la vida activa y a la vida adulta, como un factor crítico de éxito y un indicador base para considerar la integración social.

La consecución de los objetivos de orientación laboral requiere tener presente la aplicación de principios que guíen la acción orientadora (Echeverría, 1997): el principio de prevención , supone disponer del máximo de información contrastada; el principio de desarrollo , para facilitar el tránsito hacia un estado de maduración considerando estrategias que permitan clarificar valores, desarrollar la capacidad de tomar decisiones, y facilitar el desarrollo personal, la socialización y el conocimiento del mundo del trabajo; y el principio de intervención social, que pretende superar la dicotomía existente entre las expectativas y aspiraciones personales y las exigencias del mundo laboral.

Estos principios apuntados no distan mucho de los principales objetivos del movimiento de transición de la educación para la carrera, un movimiento muy ligado a los programas de orientación para la inserción sociolaboral. A continuación apuntamos algunos de los principales objetivos:

  • Proporcionar orientación vocacional; exploración del mundo del trabajo, toma de conciencia de la carrera y adquisición del proceso de toma de decisiones.
  • Interrelacionar las actividades académica con las ocupaciones.
  • Proporcionar valores positivos del trabajo como parte significativa de la vida global.
  • Educar permanente, a lo largo de toda la carrera o vida profesional.
  • Disminuir los estereotipos de los patrones de carrera.
  • Proporcionar habilidades de empleabilidad para ajustarse a los cambios sociales y profesionales; autoestima, hábitos de trabajo, toma de decisiones, habilidades de inserción, madurez ocupacional, dominio de la información, amplia formación de base, etc. Este concepto de empleabilidad implica actitudes personales y actitudes profesionales y/o laborales.

Actuación

La actuación de los profesionales de la orientación

La actuación de los servicios para la mediación y la orientación al mundo del trabajo se encuadra en los procesos de transición; permite incorporar programas formativos que aseguren cierto nivel de competencia, tanto desde el punto de vista personal como social, en la vida diaria, en la comunicación, en la relación productiva, dentro de un sistema de formación equilibrado y para las personas con discapacidad. Su actuación plantea un proceso sistemático que asegura o aumenta las probabilidades de incorporación al sistema laboral. Las siguientes acciones son reflejo de este proceso:

  • 1. Analizar las actividades relacionadas con las posibilidades de empleo que tienen las personas.
  • 2. Analizar los trabajos identificando las habilidades profesionales, de conducta social o interpersonal.
  • 3. Describir las características requeridas para cada empleo u ocupación, a partir de la realización de inventarios ecológicos y el establecimiento de las exigencias para adaptarse a ellos.
  • 4. Analizar los puestos de trabajo indicando los procedimientos utilizados para realizar las tareas requeridas.
  • 5. Instrucción a través de estrategias adaptadas a la situación y a las personas que se van a formar. En caso necesario, establecer las posibles modificaciones ambientales para facilitar la adaptación de las personas al puesto de trabajo.
  • 6. Asesoramiento y orientación relacionados con las ejecuciones en el trabajo, su calidad y el establecimiento de modificaciones necesarias para mantener el puesto de trabajo.
  • 7. Establecer la participación de los servicios de soporte de manera que se asegure la formación continua cuando sea necesaria y el mantenimiento del puesto de trabajo.

El papel que los profesionales especialistas de empleo tienen asignado es asistir a las personas con discapacidades, actuando como mediadores del aprendizaje y contribuyendo al desarrollo de nuevas posibilidades de servicio a las personas con discapacidad. Este tipo de funciones lleva implícitas una serie de características:

  • 1. El conocimiento de las personas y, en particular, de su desarrollo madurativo emotivo-relacional, su potencialidad para aprender y su capacidad de adaptación.
  • 2. La capacidad de adaptación al mundo del trabajo en sus diversos componentes (jerarquía burocrática, jerarquía técnica, grupo de producción...), en sus leyes internas (organización del trabajo, control de calidad...) y en la compatibilidad tecnológica (tipo de producción, tarea y misión encomendada).
  • 3. Capacidad de asumir la responsabilidad de mediador no sólo del aprendizaje, sino también entre el individuo y la organización o institución.

Estos procesos incorporan un planteamiento metodológico que incide en las personas objeto de inserción, en los contextos laborales y en los condicionantes que afectan a ambos, en la medida que sean percibidos como limitadores de los propósitos de inserción.

Para finalizar

Plantear un proceso de orientación para la inserción sociolaboral exige partir del conocimiento del colectivo o población destinataria. No se puede emprender una actuación de orientación sin antes conocer qué define o caracteriza el colectivo de incidencia, ni tampoco obviar la relación existente entre la persona y el contexto. No obstante, tenemos que evitar caer en el error de asumir el colectivo como un individuo tipo, lo que lleva a determinar la necesidad de percibir en última instancia lo individual como clave del proceso de orientación.

Además, la orientación tiene que afrontar una serie de problemas, que son susceptibles de afectar a todos los niveles educativos, tal como la OCDE (2004) menciona; entre ellos destacamos:

  • La falta de especialistas en la materia dentro de las escuelas. Las funciones de orientación se ejercen junto con otras.
  • La dificultad de responder a todas las demandas de orientación profesional.
  • La falta de recursos, humanos y materiales, dentro de los centros educativos para realizar las tareas de orientación.
  • La poca relación con el mundo del trabajo por parte de las instituciones educativas formales.
  • La falta de aplicación de modelos colaborativos que responsabilicen a todo el centro educativo.
  • La tendencia a visualizar el trabajo dependiente en detrimento del independiente.
  • La falta de evaluación de los servicios de orientación para destacar su eficacia y efectividad.

Ante este panorama, es evidente que se requieren más recursos personales, modificar los modelos de relación y de intervención y habilitar medidas políticas que posibiliten la mejora de los servicios de orientación.

Bibliografía

  • ECHEVERRÍA, B. (1997): Los servicios universitarios de orientación. En APODACA, P. y CLEMENTE, L.: Calidad en la Universidad: orientación y evaluación. Barcelona. Laertes
  • HALPERN, A. (1993): Quality of life as a conceptual framework for evaluating transition outcomes. Exceptional children. 59 (6), 486-498.
  • JURADO, P. (1999): Orientación e inserción laboral en la educación especial. En ALBERTE, J.R.: Educación e inserción socio-laboral de persoas discapacitadas. Santiago de Compostela. ICE-Universidad de Santiago de Compostela.
  • OCDE (2004): L´orientation professionelle. Guide pratique pour les décideurs. Paris. OCDE/Communautés Européennes.
  • ROMERO, S. (1999): Orientación para la transición de la escuela a la vida activa. Barcelona: Laertes
  • SANZ ORO, R. (2001): Orientación psicopedagógica y calidad educativa. Madrid: Pirámide.
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