Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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febrero 06

¿Por qué pedagogía laboral?

En este artículo se reflexiona acerca de la formación de los cientistas de la educación como pedagogos laborales, de sus alcances, limitaciones y posibilidades, en un contexto formativo universitario - altamente crítico y escéptico- respecto de las posibilidades de intervención del pedagogo en ámbitos ajenos al sistema educativo formal en general y de las respuestas que éste podría definir en relación a las organizaciones y al sector económico- productivo en particular.

¿POR QUÉ PEDAGOGÍA LABORAL? ¿POR QUÉ PEDAGOGOS LABORALES?

Se plantean las dificultades emergentes frente al planteamiento de una especialización de postgrado en Pedagogía Laboral, que revierta este imaginario fuertemente arraigado en el centro formativo, en sus graduados y en su profesorado. Para ello, se toma en cuenta la identidad profesional y la profesionalización de quien se enfrentará con la identidad y el desarrollo profesional de otros sujetos, en una actividad en la que, paradójicamente, se conjugan el corpus de conocimientos, la permeabilidad de funciones, la precariedad de estatus y la propia formación del sí mismo profesional en relación a las "del otro" a quien asiste, asesora y forma.

PLANTEAMIENTOS INICIALESlkjñlkjñlk

El escenario social y laboral de los últimos años en la Argentina tuvo protagonistas, contenidos, formas de expresión y efectos novedosos, involucrando y atravesando todos los segmentos de la estructura social, poniendo en evidencia y materializando expresiones inéditas de una crisis sistémica: exclusión social, generalización de la pobreza, precarización laboral, desarticulación del tejido social, deterioro de la legitimidad de las instituciones políticas, lasitud de los dispositivos de disciplinamiento y control social.

En ese marco, y desde el ámbito de la formación se plantea la necesidad de interpretar esta compleja coyuntura que impacta en lo laboral- productivo, favoreciendo respuestas a partir de una propuesta de formación continua que ofrezca la posibilidad de tomar a la titulación de base de los cientistas de la educación, formándolos como pedagogos laborales.

Pero este planteamiento no es compartido por todos los sectores. Desde la perspectiva académica, y en el seno de la universidad pública en la que se genera este planteo, conviven una serie de ideas contradictorias respecto de las necesidades y demandas socio- laborales y de las respuestas institucionales, sociales y políticas que la carrera universitaria (específicamente, la del cientista de la educación ) debe encarnar, emergiendo un imaginario complejo e intrínsecamente contradictorio acerca de las funciones profesionales a desarrollar en el campo de la educación y de la formación.

A una imagen difuminada y declamativa de un profesional voluntarista, preparado desde una perspectiva teórica, para responder más bien a necesidades puntales del sistema educativo y de la educación reglada en prácticas convencionales, se le contrapone una realidad socio- productiva circundante, compleja y contradictoria a la que es difícil interpretarla, interpelarla y responderle desde las habilidades y saberes desarrollados durante la formación inicial.

Es este uno de los meollos en lo que quisiera detenerme para re- preguntar los planteos del inicio: ¿es posible que un profesional adherido a este ideario pueda afrontar las necesidades emergentes y cada vez más apremiantes de una sociedad que reclama intervenciones innovadoras y racionales en contextos que no son los propios de los escenarios de la educación reglada para la cual se ha formado? ¿De qué modo hacer frente a necesidades educativas y de formación de amplios colectivos que reclaman colaboración y asistencia para replantear sus proyectos vitales, profesionales e institucionales, cuando la propia identidad profesional (como profesionales de la educación y de la formación) no ha sido cuestionada y permanece en una impermeabilidad y ambigüedad sin demasiadas respuestas?

¿Por dónde empezar y cómo provocar el desequilibrio necesario para re-pensar la propia formación en vistas a responsabilizarse de la formación de los otros? ¿Se justifica plantear una especialización en Pedagogía Laboral a partir de una titulación previa en Ciencias de la Educación, cuando la comunidad profesional de pertenencia y referencia no ha definido una posición al respecto?

¿Es lícito plantear la especialización como pedagogo laboral sin que los escenarios y las circunstancias regionales sean propicios todavía? Dicho esto en varios sentidos:

  • Desde la propia institución universitaria de formación que mantiene una visión restringida de la formación en y para el trabajo por parte de los graduados en Ciencias de la Educación;
  • Desde la propia identidad profesional de los cientistas, configurada a partir de una compleja transacción biográfica y relacional que involucra las trayectorias personales y la formación inicial entre muchas de las variables intervinientes del desarrollo identitario, y que, en este caso, se traduce en una identidad que es reflejo de la adhesión y percepción de un campo profesional restringido y convencional.
  • Desde el sí mismo colectivo profesional del cientista de la educación en cuanto a expectativas de intervención, experticia y valoración de la propia formación y que se manifiesta en una cultura profesional que es localista y anclada más bien en objetos de deseo que en aspectos cognitivos o racionales.
  • Desde el contexto organizacional y laboral regional que hasta el momento confía y demanda sus necesidades a otro tipo de profesionales: administradores de recursos humanos, psicólogos, comunicadores sociales, entre otros.

Entonces, ¿cómo plantear y concretar la formación de pedagogos laborales, a partir de la formación previa en Ciencias de la Educación, en este contexto específico en el que hasta ahora pareciera no advertirse la oportunidad de participar racional, activa y críticamente, modificando, incidiendo, detectando, formando, investigando a todos los sectores y variables involucrados en el sector productivo de la sociedad en la que interactúan?

¿POR QUÉ PEDAGOGÍA LABORAL?

La elección y decisión de esta nomenclatura para la especialización en cuestión, la de Pedagogía Laboral, no es fortuita y está íntimamente relacionada con la tradición teórica y modélica de la universidad pública argentina que es sumamente sensible, crítica y cuestionadora de enfoques formativos que puedan asociarse al pragmatismo y al economicismo.

En la Argentina, el desempleo, la precarización laboral y la exclusión han puesto de manifiesto en las agendas de todos los actores, la importancia de la relación entre formación y trabajo, sin haber, creemos, agotado la discusión. "Esta situación ha dado lugar a vacíos conceptuales importantes, a supuestos nunca explicitados sobre lo que se entiende por educación y trabajo, sobre los contenidos de los programas de enseñanza, sobre nuevas carreras y certificaciones, sobre la utilización que los sujetos hacen de los saberes aprendidos en la instancia de formación y la que hacen las organizaciones productivas, sobre los aprendizajes realizados en los espacios de trabajo y su validación en términos académicos, sobre las implicancias que las nuevas formas de gestión del trabajo y de la calidad tienen para con la construcción de saberes por parte de los sujetos y las organizaciones"

A partir de estas consideraciones, resulta importante plantear un espacio de reflexión, debate y especialización que permita avanzar en la discusión de los vacíos existentes tanto en términos conceptuales y teóricos como de referencia empírica.

La carrera de especialización en Pedagogía Laboral está pensada como la posibilidad de dar respuestas a las necesidades derivadas del campo de la formación en el mundo del trabajo, desde la perspectiva de las Ciencias de la Educación.

Su corpus incluye el estudio de la génesis y transformaciones de las lógicas productivas y organizacionales, las dimensiones (socio- productivas, psico sociales y educativas) de la disciplina y la práctica, los ámbitos de intervención profesional, y los alcances y las limitaciones de sus funciones, tomando en forma general a las necesidades emergentes de la comunidad (precariedad laboral, trabajo informal, acceso al primer trabajo, jubilación anticipada, retiro voluntario, desocupación, reconversión laboral, atención de los planes sociales y compensatorios, alienación y conflicto laboral, entre otras), y específicamente a las necesidades y características derivadas de las distintas organizaciones (económicas, productivas, ONG, de servicios, etc.) como escenarios laborales del pedagogo.

Como disciplina, estudia e intenta delimitar sus alcances en relación con la Psicología Laboral, la Psicopedagogía Laboral y la Administración de los Recursos Humanos, que son los abordajes tradicionales y convencionales de una praxis que, en nuestro contexto, suele estar desdibujada y solapada en cuanto a las responsabilidades, las competencias y los alcances específicos.

La dimensión educativa de la Pedagogía Laboral se focaliza en la detección de necesidades educativas y de formación; en el diseño de los planes y programas personales, institucionales y comunitarios de la formación y capacitación ocupacional, profesional y laboral; en su desarrollo y su evaluación; en el planteamiento de la formación continua a partir del e- learning, en el aprendizaje de los adultos en contextos organizativos y en el conocimiento para la acción, entre los aspectos más sustantivos.

La Pedagogía Laboral "transversaliza" a lo largo de todo su trayecto formativo una reflexión permanente acerca de la propia identidad profesional y la importancia de esta reflexión radica en las dificultades identitarias que conlleva la formación de base (Ciencias de la Educación)- que fuera amplia y profundamente investigada en el contexto nacional- a lo que se añade la difuminación de un campo de intervención que se presenta como inédito en el contexto regional.

SER PEDAGOGO LABORAL

Ser pedagogo laboral y actuar como un profesional dedicado a investigar, asistir, asesorar, detectar, formar, en una palabra intervenir y ocuparse de los problemas y desafíos que el mundo laboral y productivo plantea desde la perspectiva de los procesos educativos, implica un laborioso trabajo personal previo y un trayecto formativo inexorablemente reflexivo y crítico.

Retomamos los dilemas que, sobre la formación de los profesionales de la formación, plantea Navío (2005) y que lo hacemos extensivo a la de los pedagogos laborales.

Un primer dilema es el de la profesionalidad del pedagogo laboral y que se remite, entre otros aspectos, al del conjunto de competencias reconocidas socialmente y que son específicas de la profesión. En el caso de esta especialización profesional, es muy difícil delimitar la especificidad que le da carácter, mucho más en el contexto regional de referencia en donde no existen redes que nucleen, delimiten, evalúen ni regulen los diferentes roles, funciones o competencias profesionales en el área. 

En relación a la profesionalidad del pedagogo laboral, es necesario redimensionar algunas de las características que Navío designa en relación a la profesionalidad del formador, y que son:

  • La permeabilidad de sus funciones
  • La precariedad de su ejercicio y de su estatus profesional
  • La debilidad de su formación

A lo que agregaríamos:

  • La propia formación del sí mismo profesional en relación a las "del otro" a quien asiste, asesora y forma.

En ese sentido, el pedagogo laboral es un profesional que desafía un status quo en el cual suele valorarse las características de otras profesiones de base (contadores públicos, administradores de empresa, licenciados en recursos humanos, psicólogos) que asumen funciones formativas, investigativas, y educativas, y que representan distintos perfiles profesionales en el campo de la pedagogía laboral.

De allí la necesidad de plantear la especialización de Pedagogía Laboral para aquellos que tienen como formación inicial la de Ciencias de la Educación.

LA PROPUESTA

Existe una gran heterogeneidad en torno a los profesionales que ejercen la función de formación con diferentes funciones y en diversos contextos de actuación, formal y no formal, inicial y continua (Tejada, 2002: 4), y frente a este panorama que puede llevar a la confusión y a la inespecificidad, se impone y se justifica realizar un planteo que ponga en tela de juicio la aparición de formadores ocasionales que cumplen roles y funciones en los diferentes contextos económicos, laborales, políticos y culturales.

Se hace necesario entonces realizar un profundo debate que permita delimitar los alcances de un planteo de formación que se desarrolle fuera de los contextos de educación formal, y que pueda justificar la profesionalidad del pedagogo en los entornos socio- laborales e institucionales, a partir de una serie de fundamentos claves que permitan dar estructura global y lógica a la propuesta, como por ejemplo el campo de formación inicial del formador, el ámbito de formación continua, los procesos permanentes de innovación y el contexto referencial a los ámbitos de exigencia profesional y ocupacional (Tejada, 2002).

Para la elaboración del proyecto de Especialización en Pedagogía Laboral en la Universidad de Salta se realizó un relevamiento exhaustivo y un análisis de experiencias similares de formación universitaria que pudiesen registrarse a nivel nacional, advirtiendo que la mayoría de las propuestas de post grado, tanto oficiales como privadas, están vinculadas a las áreas de la administración, liderazgo, capacitación y gestión de los recursos humanos, como así también vinculadas a la formación de formadores en distintos niveles (caso de la carrera de especialización en Formación de Formadores desarrollada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA), pero que la Pedagogía Laboral no se encuentra registrada previamente como una carrera de postgrado, ni como especialidad ni como maestría en el contexto nacional. La ausencia de otras experiencias similares en el país alimenta la originalidad de la propuesta.

A nivel internacional, se tuvo en cuenta especialmente el antecedente presentado por la Universidad Autónoma de Barcelona a través del Grupo de Investigación CIFO, basado en el modelo contextual- crítico de formación de formadores (Ferrández, 2000) y caracterizado por un diseño modular- crediticio de los contenidos (Tejada y otros, 2000). Esta propuesta, que se fundamenta en una vasta experiencia previa tanto de investigación como de intervención en programas de formación de formadores, se asienta en una concepción de la profesionalidad del pedagogo basada en la orquestación de competencias (Navío, 2005).

La propuesta sobre la especialidad en Pedagogía Laboral se basa en una perspectiva amplia de la formación, que vincula al profesional de las Ciencias de la Educación con los contextos socio- laborales, para entenderla "como un proceso amplio de enriquecimiento de la persona orientado a la mejora de su tarea laboral" (Pineda, 1995).

Esta perspectiva abre un abanico que permite plantear la función del pedagogo laboral abriendo su correlato con otros ámbitos.

  • 1) de adquisición y mejoramiento del nivel cultural
  • 2) de actualización de conocimientos y competencias ya adquiridas para facilitar la continuación de los puestos de trabajo o el acceso a un primer o nuevo empleo
  • 3) de reconversión y adquisición de nuevas cualificaciones
  • 4) de sensibilización y promoción

Pero a esta visión debe integrarse una concepción más amplia de la formación, que pueda considerarla, además, como un elemento propio de la dinámica institucional y de las políticas laborales, que permita advertirla en el desarrollo de los ámbitos: de actualización, estratégico y de organización de los aprendizajes (González Soto A.P. y Jiménez J., 2000), lo que lleva a considerar a la formación como una función de alta profesionalidad pedagógica.

En el convencimiento de que el modelo contextual- crítico ofrece una excelente y propicia perspectiva para la formación de pedagogos laborales- en todas las dimensiones de sus funciones- la propuesta de Especialización para los cientistas de la educación en Pedagogía Laboral de la Universidad Nacional de Salta, se ha basado en los ejes y fundamentos que dan estructura global y lógica interna al modelo, sin descuidar los objetivos, las circunstancias, los destinatarios y las expectativas institucionales y sociales que sobre la Pedagogía Laboral se va construyendo y proyectando en esta región.

Bibliografía

  • Barbier J. M. (1999) Prácticas de Formación. Evaluación y Análisis. Serie Los Documentos 9. UBA. Buenos Aires. Ediciones Novedades Educativas.
  • Dubar Claude (2000) Construction Identitaire. En Cahiers Pedagogiques . Número 380. Pág. 11-12.
  • Fernández A.; Tejada J.; Jurado P.; Navío A. y Ruiz C .: El formador de formación profesional y ocupacional. Barcelona. Octaedro.
  • González Soto A. P. y Jiménez J., (2000) Formación y Empresa. Las organizaciones como marco de la formación. En Educación XX1. Revista de la Facultad de Ecuación. 3. UNED. Pág.163 a 217.
  • Ilvento M. C y González Soto A. P. (2003) "Las representaciones sobre el campo profesional en Ciencias de la Educación". En Universitas Tarraconensis. Revista de Ciències de l´Educació. Tarragona- España.
  • Navío Gámez A. (2005) Las competencias profesionales del formador . Barcelona. Octaedro. EUB.
  • Navío Gámez A . (2005) La Formación de los Profesionales de la Formación para el Trabajo: Algunos dilemas y algunas respuestas. IV Congreso de Formación para el Trabajo. CIFO. Zaragoza.
  • Souto M. (1995) La formación de formadores. Un punto de partida. Revista IICE del Instituto de Ciencias de la Educación Nº 6. UBA- Buenos Aires. Pág. 26 a 32.
  • Tejada. J, (2002) La formación de formadores: Apuntes para una propuesta de formación. En I Jornadas de Formación y Orientación Profesional: de la Escuela al Trabajo . Policopiado.
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