Formacion XXI. Revista de formacion y empleo

Formación XXI.

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Noviembre 09

La innovación en la era tecnológica

Por González Soto , URV. Tarragona

La actividad innovadora debe concebirse en la actualidad como un todo, por lo que su éxito dependerá del grado de integración de las unidades de una institución y de la unión entre las cuestiones técnicas, las económicas, y las sociales y personales.

La innovación depende de múltiples y diversas variables, y en cada caso unas tendrán más importancia que otras, pero la tecnología es, en los tiempos actuales, un factor de cambio en tanto que determina cuestiones como la competitividad, la capacidad de información y el propio conocimiento.

Por otra parte, en las actuales circunstancias, la realidad sociolaboral, socioproductiva... es necesario valorar y reubicar procesos como los relativos a la gestión del conocimiento o gestión de la propia innovación (entendida, sobre todo, como respuesta a las necesidades económicas y sociales) como bases de la capacidad productiva y de un tratamiento social justo de cualquier institución.

Las empresas y las personas han de ser competentes, siquiera sea como respuesta a la necesidad de la economía y de ese tratamiento social justo al que aludíamos. De este modo la innovación debe considerarse también un elemento dinamizador del desarrollo sostenible de una institución o de una sociedad.

En ese ámbito, la tecnología representa un papel importante y se erige en un factor (intangible, quizá) de primer orden en la aceleración de los cambios y en la necesaria adaptación a ellos.

Y esto viene siendo así desde los años 80, cuando la tecnología pasó a constituir una variable estratégica en la determinación de la posición competitiva de las empresas, en tanto que su ausencia provocaba incapacidad para generar innovaciones. A partir de ese momento, además, la tecnología dejó de ser un medio externo para constituir un input de todo proceso transformador.

Es cierto que la gestión eficiente de la innovación no resulta fácil, pero en los tiempos actuales constituye el medio para desarrollar los recursos humanos y los sistemas de información y formación necesarios para enfrentarse a los desafíos. De ahí la importancia tanto de la innovación como de la tecnología.

Aparte de lo apuntado hasta aquí sobre la innovación, hay que pensar que, en su evolución, ha asumido también el papel de adecuar las estructuras a las oportunidades que ofrecen los cambios. La innovación es también, en este sentido, una forma de actuación capaz de desarrollar valores y actitudes que impulsen ideas y cambios que impliquen mejores eficientes en las empresas.

Y es que hoy, la actividad innovadora debe concebirse como un todo, por lo que su éxito dependerá del grado de integración de las unidades de una institución y de la unión entre las cuestiones técnicas, las económicas, y las sociales y personales.

Debido a ello la innovación tecnológica engloba al menos tres factores:

  • Una competencia global.
  • Un cambio radical en todos los procesos de las instituciones provocado por las propias tecnologías y su «penetración» en todos los ámbitos.
  • La necesidad de introducir nuevas oportunidades estratégicas.

Cuando la relación se establece entre la tecnología y la formación, es preciso tener en cuenta otros factores para crear armonía y obtener lo que se espera de ella (de la relación).

La primera cuestión que hay que tener en cuenta es que el aprendizaje es una actividad que ha de estar presente a lo largo de toda la vida, pero que los conocimientos necesarios van a adquirirse por los mecanismos más variados. Esto es, la formación va a ser cada vez más «ubicua».

Las tecnologías van a ir evolucionando. Aún estamos en lo que se ha denominado e-learning (aprendizaje electrónico), cuyo uso se ha extendido (con más o menos fortuna) en todas las instituciones puesto que el e-learning no ha hecho más que cambiar las ataduras de espacio y tiempo por las de contar con un ordenador y una conexión a la Red, puesto que ha venido reproduciendo la actividad que se llevaba a cabo en las aulas.

La evolución del e-learning ha nacido de la necesidad de «acompañar» al alumno, y de ese esfuerzo nace lo que se conoce como m-learning (movile learning) entendido ahora como un acceso a servicios desde dispositivos móviles (lo que aún hace más ubicua la formación).

De ahí también el término de u-learning (ubiquitous learning) , que vendría a ser algo así como la suma del e-learning y el m-learning aunque se pretenda alcanzar más aspectos con esa expresión.

El problema sigue estando en determinar el papel que puede jugar la tecnología para mejorar el aprendizaje y en cómo convertir una experiencia de recibir pasivamente la información en una experiencia activa de construcción de conocimiento.

A la vez será preciso solucionar algunas otras cuestiones que se plantean ya como problemas en el aprendizaje de las personas, como por ejemplo:

  • Cómo integrar el aprendizaje que tiene lugar fuera de las aulas en elementos del sistema, digamos «oficial» de aprendizaje.
  • Cómo determinar en las nuevas condiciones el papel de la motivación.
  • Como proporcionar el aprendizaje en el momento en que se necesita a las personas que lo necesitan.
  • Cómo aprender haciendo así como integrar el razonamiento.
  • Etc.

Aprender es una tarea compleja que requiere tiempo, en lugar de lo que los alumnos se van acostumbrando a hacer: considerar que con un solo golpe de ratón se puede resolver un curso de aprendizaje; y menos si, como en el caso del e-learning actual, estamos reproduciendo el modelo anterior del aula sin que el alumno tenga espacio para reflexionar, tomar decisiones, investigar, plantearse cuestiones y tener dudas. Todo lo que le pedimos es que avance páginas, lea y escuche, y al final haga unas cuantas pruebas teóricas.

Hoy el mundo y las empresas necesitan personas dotadas de:

  • Capacidad de escribir y redactar correctamente y de forma estructurada.
  • Capacidad de hablar en público y hacer presentaciones verbales y escritas.
  • Capacidad de análisis.
  • Razonamiento y resolución de problemas. Negociación.
  • Trabajo en equipo.
  • Espíritu emprendedor.
  • Creatividad e innovación.
  • Comunicación.
  • Inteligencia emocional.
  • Capacidad de aprender y desaprender.

Está claro que el aprendizaje electrónico no puede reproducir todo lo que se exige hoy; no puede enseñar a negociar ni a emprender... o a hablar en público, por ejemplo. Pero, del mismo modo, es evidente que los ordenadores y las arquitecturas actuales permiten aprender otras cosas de las enumeradas y que se han tomado de las exigencias de las empresas.

Pero decíamos que hay que seguir adaptando estructuras, tanto en la actitud de formadores y alumnos, como en la misma sociedad. Quizá más en los propios formadores, en la medida en que todos son «inmigrantes digitales». En este terreno anotamos que ha de variar fundamentalmente la visión o la concepción didáctica de esos formadores, anclados aún (si se analizan los ejemplos presentes en la Red) en la creencia de que digitalizar contenidos ayuda a aprender, o que lo hacen (ayudar a aprender) el leer y memorizar, el responder preguntas directas o el ser capaz de describir situaciones.

Creemos que la fuerza del 2-learning (en cualquiera de sus modalidades) está en proporcionar conocimientos actualizados, hacerlo en entornos rápidos y al alcance, de manera variada, cercanos a la realidad práctica, activos, etc. El dilema a salvar es, pues, cómo convertir una experiencia, que proviene de la información, en una experiencia activa y válida en la construcción del conocimiento.

Bibliografía

BIBLIOGRAFÍA (de referencia o para ampliar el tema)

  • RAMÓN, O.: Del eLearning al uLearning: 04/07/2008. Óscar Ramón es subdirector de Innovación y Estrategia Tecnológica de Educaterra.
  • MARTÍNEZ, Javier. Gerente de Desarrollo de Proyectos en Chile de GEC (Grupo UOC/Catenaria). www.gecsa.cl

 

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